El camino de la reconversión
Por: Miguel Andrés Rozo, atleta
 
Tengo la sensación de haber sido deportista toda mi vida, desde que tengo memoria. Pero sé que he tenido mis baches.

Desde muy pequeño mis papás me involucraron en el mundo de la natación. Juan Gabriel, el primer entrenador, me recogía todas las mañanas en la puerta de mi casa cuando aún no amanecía; sin aun ver la luz del sol, ya estaba metido en una piscina.

Él mismo me dejaba en el colegio y después de volver a casa, hacer tareas y comer algo, estaba nuevamente nadando a las 5:00 de la tarde. Crecí oliendo a cloro.

También jugaba fútbol, no con muy buen nivel, pero lo hacía con mucha pasión y compromiso que compensan.

La llegada a la universidad, cierto sentido de independencia y las fiestas me alejaron de la actividad física. Mi única conexión se mantuvo a través del fútbol, lo practicaba para mantener un estado físico que me permitiera correr 90 minutos los domingos. Pero hasta el fútbol lo terminé dejando al cumplir los 35 años. Los últimos torneos que jugué lo hice en compañía de mi primo, que en realidad fue un hermano para mí; el dolor por su muerte (que revivía al vendarme los tobillos y ponerme los guayos), me hicieron dejar a un lado una pasión que nunca pensé que se pudiera dejar. Que se debiera dejar.

Cuatros años después y varios kilos de más, un amigo me invitó a correr un día; hicimos 5 kilómetros que me dejaron tirado en el pasto, sin aliento durante un buen rato y adolorido por varios días.

Esa fue la mejor motivación para crear un grupo y ayudarnos los unos a los otros. Su nombre “Assasin Coach” por la reputación de nuestro líder.

Corrimos la 10k de la Medía Maratón de Bogotá, después los 15K de Allianz, ¿Vamos a Miami a hacer 21 en la Media Maratón? Allá terminamos. Y luego en los 21K de la Media Maratón de Bogotá.

-No puedo conformarme con eso, hay que hacer una Maratón, me dije.

Me inscribí al sorteo de la Maratón de Chicago rogando para no salir elegido. Los majors, que es como se conocen las grandes Maratones, tienen varias alternativas para que uno pueda participar.

La primera es la de clasificar por tiempos, no es mi caso. La segunda es pagando un paquete, aun no lo he hecho de esta manera y la tercera es salir sorteado. La suerte ha estado de mi lado.

Recuerdo el susto cuando leí el correo que decía, welcome to Chicago Marathon. Lo conservo aún.

Las maratones tienen una particularidad, entré el kilometro 30 y el 40 te puedes preguntar ¿Qué estoy haciendo acá? Pero entre el 40 y el 42 la pregunta cambia: ¿cuál es la próxima? Es una sensación única.

Así llegaron Buenos Aires, Nueva York y Washington. Se vuelve un hábito. Y Seguimos. Sigue Londres.

Si pudiera devolver el tiempo, arrancaría antes, pues los beneficios para la salud y la mente son enormes. Les digo algo: nunca es tarde para comenzar, el mejor día es hoy mismo.

El atleta Miguel Andrés Rozo es además CEO de la compañía netING SAS www.neting.co